martes, 28 de junio de 2011

TRUE STORY




Una de mis hornyamigas dice: “chicas, no saben lo que me pasó hoy… cuando estaba en la clase de cocina, y el profesor nos estaba enseñando a amasar, me re calenté. En un momento, cuando agarró el palo y empezó a modelar la masa yo me empecé a imaginar de todo! Me calenté en serio!!! No se si fue la forma en que agarraba el palo o que tocaba la masa, pero lo empecé a mirar de otra manera completamente diferente. No es porque esté caliente (aunque es verdad que estoy recaliente), pero creo que es muy sexy ver a un hombre amasar.”

- "Y a mi me calienta ver a un hombre manejar, pero solo en los autos con caja de cambio manual. Los automáticos me la bajan. Lo que me calienta es ver como mueve el brazo mientras pasa de cambios."

- "Bueno, si estamos confesando... yo me la paso mirando culos todo el día."

- "Y yo me la paso pensando en el esposo de Fergie en pelotas."

ALIENA VITIA IN OCULIS HABEMUS, A TERGO NOSTRA SUNT


Mi profesor de latín, citando a Seneca, una vez nos enseñó: "Aliena vitia in oculis habemus, a tergo nostra sunt", tenemos en frente de nuestros ojos los vicios de los demás, mientras que los nuestros están detrás.

Hoy, cuando mi mejor amigo me lloraba por otra relación que se rompió, podía ver objetivamente los errores que cometió. Podía marcarlos, argumentar cinco razones por las cuales se había equivocado, y hasta indicarle cuál era el camino correcto para lograr su objetivo en cada una de las diferentes situaciones.

Desde afuera todo es más simple. Mientras él me hablaba yo le hacía de espejo, tratando de explicarle lo que podía deducir y entender entre líneas. Él me escuchaba, frenaba por unos segundos y en seguida podía identificarse con lo que le estaba diciendo. "Si. Eso es exactamente lo que me pasa, pero en el momento no lo podía terminar de entender, no lo veía así, y ella seguramente tampoco". Claro que no, en general nadie puede. De cerca todo se ve borroso.

La vida sería más fácil si pudiéramos ver nuestros problemas con los ojos de un mero espectador, desligándonos de la subjetividad que nos traba y viendo un poco más allá de nuestros sentimientos. De ser así no existirían las equivocaciones, pero con ellas se extinguirían los aprendizajes, las reconciliaciones y las experiencias. Se fundirían todos los psicólogos, los puestitos de flores y las chocolaterías. Nadie pediría perdón, no existiría el arrepentimiento y los amigos perderían la razón de ser.

Los seres humanos funcionábamos de esa manera en la época de Seneca, y parece que los años no lograron erradicar esas conductas, porque se mantienen completamente intactas a lo largo de nuestras vidas. Los vicios de los demás nos resultan evidentes, pero, para identificar los propios, necesitamos la infaltable mano amiga, un consejo y algún que otro empujón.
Basta de peros, de mañas, de nuncas, de nadas,
de ser impuntual con las historias sencillas
y con los abrazos que siempre estarán
Cuando me encuentran mis vergüenzas in-fraganti,
cuando me encierro con mis miedos bajo llave…
Me tengo cansado,
Analfabeto del cuello para abajo
Impostor en problemas patinando en el barro
Me tengo cansado, me tengo cansado
Preferiría algunas noches que me miro a la cara
dormir en camas separadas de mi
Basta de charlas berretas en mesas absurdas con que se yo quién
Basta de mariconearse por lo que no llega, por lo que se fué
Leyéndole la mano a la Venus de Milo estoy,
haciéndole preguntas cursis al destino
Me tengo cansado,
Con mis principios más bien acabados,
Sandokán en pijama con el barco prestado…
Me tengo cansado,
Algunas noches que no entiendo más nada
yo me mando a mudar en el furgón de mi alma.