martes, 4 de mayo de 2010

COFFEE


El tema con el café es el siguiente.

Una semana con tres parciales, 5 horas de sueño en muchos días, información que se trata de incorporar en la cabeza entre libros, guías de estudio, cuadritos pegados por todo el cuarto, resúmenes de acá, resúmenes de allá, sumándole la adrenalina de sentarte a rendir, evidentemente produce cansancio.

Claro, tomo café para mantenerme despierta y todo sale bárbaro.

El tema es que, una vez que llego a casa después de rendir la segunda materia, descanso la mente por un segundo y todo ese cansancio acumulado cae de golpe como si hubiese corrido un mes entero debajo de la lluvia, sobre arena y en subida.

El café tapa y esconde el sueño y te sentís 0 km todo el día. Mantenés un nivel de plena excitación durante horas, lográs estar enchufada y no parar ni un segundo. Cuando empezás a sentir que el cansancio se empieza a asomar, ves como se acerca el café número 5 a tu mano.

Pero en cuanto te descuidas un poco y se te pasa el efecto, te desplomás. Literalmente.

Y es el momento en que me doy cuenta que todavía me queda una materia más esta semana, y la tengo que empezar desde cero porque la colgué para estudiar las otras dos, y tengo sueño, y estoy cansada, y quiero ir al gimnasio, y quiero pintarme las uñas, y me doy cuenta de que no comí nada en todo el día, y creo que ya no me entra más nada en la cabeza y, y, y… mmm me parece que necesito otro café.

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